¿UN GAPE?
De un loco
amor entre una gata y un perro nació un
pequeño y cariñoso ….¿GA-PE? o ustedes lo llamarían mejor un...¿TO-RRO?
Esto pudo
suceder únicamente por que su madre se la pasaba soñando que era una gata
guardiana y su padre soñando que miraba
la luna desde los tejados.
El caso es
que esta criatura nació mitad gato y mitad perro.
¡SI!.Desde la
mitad del lomo para arriba era un perro negro
con largas orejas y desde la mitad del lomo para abajo (o sea hasta el
piso) era un gato atigrado, coronaba esta rareza una rulada cola negra como un
botón.
Su padre miró
a su hijo tratando de buscar en qué se le parecía.
Le tiró un
palito para que lo buscara pero como este cachorro ni se movió no lo hizo acordar a él cuando era joven y
entonces lo abandonó.
Su madre
cuidó de él más tiempo pero cuando descubrió que no ronroneaba como los otros
hijos que había tenido también lo
abandonó.
Solo en la
calle se quedó, sin comida, cariño ni calor, del miedo que tenía se escondió
debajo de un diario tirado en la vereda.
Por la mañana
asomó el hocico y paró sus orejar porque
le pareció escuchar unos maullidos que le hicieron acordar a su mamá.
Gracias a
su fino oído llegó a un callejón- Al lado de una pescadería-lleno de gatos de
todos colores que al verlo se rieron
tanto de él que cuando quiso maullar como ellos enmudeció, perdió su voz por completo y sólo le salió un silencioso
llanto.
Comprendió que ese no era un lugar para él.
Necesitó
volver a esconderse debajo de algo de nuevo...Encontró una alfombra sobre un
escalón delante de una puerta y se tapó lentamente con ella para que nadie lo viera.
Por esa
vereda pasó un paseador de perros que les había enseñado todo tipo de destrezas
estos animales: Sabían dar la pata, hacerse los muertos, quedarse como estatuas
y hasta traer palitos.
Esto, por
supuesto, le hizo recordar a su papá y quiso participar de los aprendizajes,
así que salió de su nuevo escondite e intentó ladrar como ellos, pero como se rió tanto un salchicha
y todavía más un labrador caramelo de nuevo enmudeció, perdió su voz por
segunda vez y sólo le salió un
dolido llanto.
Otra vez
debía ocultarse- y esta vez sería para siempre- con la alfombra sobre su cuerpo
nadie advertiría su rareza.
Por la vereda
pasó un niño en triciclo, como estaba
casi a su altura logró verlo.
Se bajó,
acarició su cabeza orejuda, subió al triciclo y cruzó la calle acompañado de su
madre para entrar en la casa del frente.
Desde la
ventana miraba de vez en cuando al cachorro mientras jugaba con un avión que deseaba
a toda costa que volara muy, pero muy alto.
En su afán de
conseguir altura el niño salió al balcón y fabricó una torre con tres sillas que le
permitió llegar hasta el mismo techo.
Su mamá lo llamó a tomar la leche: ¡JOSÉ! ¡JOSÉ! está
listo el chocolate-
Como el niño
no aparecía salió al patio y logró verlo arriba de su casa en el momento justo
en que tiraba el avión por el espacio.
¡AYUDA!
¡AYUDA! - Gritaba ella, pero nadie se acercaba a socorrerlos.
El habitante
de abajo de la alfombra olvidó su rareza y cruzó la calle corriendo, trepó un
árbol y saltó al techo como sólo logran hacerlo los gatos.
Con su fuerte
dentadura, como sólo pueden hacerlo los perros, tomó al niño de los pantalones
y comenzó a bajarlo por la misma torre que había subido y lo dejó en su
habitación para sorpresa de su madre.
Ella no podía
creer lo que había visto, tanta valentía y coraje en una pequeña criatura.
Para José
esta compañía se convirtió en un héroe y
fue adoptado por la familia como mascota.
Tanto cariño
recibió que logró maullar y ronronear como los gatos y ladrar y traer
palitos como los perros.
De día es el
mejor guardián y de noche sube a los tejados a mirar la luna.
Adriana Helena
Adriana Helena





